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domingo, 22 de mayo de 2011

Un señor muy viejo con unas alas enormes



Un señor muy viejo con unas alas enormes
Por Gabriel García Márquez
         Al tercer día de lluvia habían matado tantos cangrejos dentro de la casa, que Pelayo tuvo que atravesar su patio anegado para tirarlos al mar, pues el niño recién nacido había pasado la noche con calenturas y se pensaba que era causa de la pestilencia. El mundo estaba triste desde el martes. El cielo y el mar eran una misma cosa de ceniza, y las arenas de la playa, que en marzo fulguraban como polvo de lumbre, se habían convertido en un caldo de lodo y mariscos podridos. La luz era tan mansa al mediodía, que cuando Pelayo regresaba a la casa después de haber tirado los cangrejos, le costó trabajo ver qué era lo que se movía y se quejaba en el fondo del patio. Tuvo que acercarse mucho para descubrir que era un hombre viejo, que estaba tumbado boca abajo en el lodazal, y a pesar de sus grandes esfuerzos no podía levantarse, porque se lo impedían sus enormes alas.
         Asustado por aquella pesadilla, Pelayo corrió en busca de Elisenda, su mujer, que estaba poniéndole compresas al niño enfermo, y la llevó hasta el fondo del patio. Ambos observaron el cuerpo caído con un callado estupor. Estaba vestido como un trapero. Le quedaban apenas unas hilachas descoloridas en el cráneo pelado y muy pocos dientes en la boca, y su lastimosa condición de bisabuelo ensopado lo había desprovisto de toda grandeza. Sus alas de gallinazo grande, sucias y medio desplumadas, estaban encalladas para siempre en el lodazal. Tanto lo observaron, y con tanta atención, que Pelayo y Elisenda se sobrepusieron muy pronto del asombro y acabaron por encontrarlo familiar. Entonces se atrevieron a hablarle, y él les contestó en un dialecto incomprensible pero con una buena voz de navegante. Fue así como pasaron por alto el inconveniente de las alas, y concluyeron con muy buen juicio que era un náufrago solitario de alguna nave extranjera abatida por el temporal. Sin embargo, llamaron para que lo viera a una vecina que sabía todas las cosas de la vida y la muerte, y a ella le bastó con una mirada para sacarlos del error.
         — Es un ángel –les dijo—. Seguro que venía por el niño, pero el pobre está tan viejo que lo ha tumbado la lluvia.
         Al día siguiente todo el mundo sabía que en casa de Pelayo tenían cautivo un ángel de carne y hueso. Contra el criterio de la vecina sabia, para quien los ángeles de estos tiempos eran sobrevivientes fugitivos de una conspiración celestial, no habían tenido corazón para matarlo a palos. Pelayo estuvo vigilándolo toda la tarde desde la cocina, armado con un garrote de alguacil, y antes de acostarse lo sacó a rastras del lodazal y lo encerró con las gallinas en el gallinero alumbrado. A media noche, cuando terminó la lluvia, Pelayo y Elisenda seguían matando cangrejos. Poco después el niño despertó sin fiebre y con deseos de comer. Entonces se sintieron magnánimos y decidieron poner al ángel en una balsa con agua dulce y provisiones para tres días, y abandonarlo a su suerte en altamar. Pero cuando salieron al patio con las primeras luces, encontraron a todo el vecindario frente al gallinero, retozando con el ángel sin la menor devoción y echándole cosas de comer por los huecos de las alambradas, como si no fuera una criatura sobrenatural sino un animal de circo.
         El padre Gonzaga llegó antes de las siete alarmado por la desproporción de la noticia. A esa hora ya habían acudido curiosos menos frívolos que los del amanecer, y habían hecho toda clase de conjeturas sobre el porvenir del cautivo. Los más simples pensaban que sería nombrado alcalde del mundo. Otros, de espíritu más áspero, suponían que sería ascendido a general de cinco estrellas para que ganara todas las guerras. Algunos visionarios esperaban que fuera conservado como semental para implantar en la tierra una estirpe de hombres alados y sabios que se hicieran cargo del Universo. Pero el padre Gonzaga, antes de ser cura, había sido leñador macizo. Asomado a las alambradas repasó un instante su catecismo, y todavía pidió que le abrieran la puerta para examinar de cerca de aquel varón de lástima que más parecía una enorme gallina decrépita entre las gallinas absortas. Estaba echado en un rincón, secándose al sol las alas extendidas, entre las cáscaras de fruta y las sobras de desayunos que le habían tirado los madrugadores. Ajeno a las impertinencias del mundo, apenas si levantó sus ojos de anticuario y murmuró algo en su dialecto cuando el padre Gonzaga entró en el gallinero y le dio los buenos días en latín. El párroco tuvo la primera sospecha de impostura al comprobar que no entendía la lengua de Dios ni sabía saludar a sus ministros. Luego observó que visto de cerca resultaba demasiado humano: tenía un insoportable olor de intemperie, el revés de las alas sembrado de algas parasitarias y las plumas mayores maltratadas por vientos terrestres, y nada de su naturaleza miserable estaba de acuerdo con la egregia dignidad de los ángeles. Entonces abandonó el gallinero, y con un breve sermón previno a los curiosos contra los riesgos de la ingenuidad. Les recordó que el demonio tenía la mala costumbre de recurrir a artificios de carnaval para confundir a los incautos. Argumentó que si las alas no eran el elemento esencial para determinar las diferencias entre un gavilán y un aeroplano, mucho menos podían serlo para reconocer a los ángeles. Sin embargo, prometió escribir una carta a su obispo, para que éste escribiera otra al Sumo Pontífice, de modo que el veredicto final viniera de los tribunales más altos.
         Su prudencia cayó en corazones estériles. La noticia del ángel cautivo se divulgó con tanta rapidez, que al cabo de pocas horas había en el patio un alboroto de mercado, y tuvieron que llevar la tropa con bayonetas para espantar el tumulto que ya estaba a punto de tumbar la casa. Elisenda, con el espinazo torcido de tanto barrer basura de feria, tuvo entonces la buena idea de tapiar el patio y cobrar cinco centavos por la entrada para ver al ángel.
         Vinieron curiosos hasta de la Martinica. Vino una feria ambulante con un acróbata volador, que pasó zumbando varias veces por encima de la muchedumbre, pero nadie le hizo caso porque sus alas no eran de ángel sino de murciélago sideral. Vinieron en busca de salud los enfermos más desdichados del Caribe: una pobre mujer que desde niña estaba contando los latidos de su corazón y ya no le alcanzaban los números, un jamaicano que no podía dormir porque lo atormentaba el ruido de las estrellas, un sonámbulo que se levantaba de noche a deshacer dormido las cosas que había hecho despierto, y muchos otros de menor gravedad. En medio de aquel desorden de naufragio que hacía temblar la tierra, Pelayo y Elisenda estaban felices de cansancio, porque en menos de una semana atiborraron de plata los dormitorios, y todavía la fila de peregrinos que esperaban su turno para entrar llegaba hasta el otro lado del horizonte.
         El ángel era el único que no participaba de su propio acontecimiento. El tiempo se le iba buscando acomodo en su nido prestado, aturdido por el calor de infierno de las lámparas de aceite y las velas de sacrificio que le arrimaban a las alambradas. Al principio trataron de que comiera cristales de alcanfor, que, de acuerdo con la sabiduría de la vecina sabia, era el alimento específico de los ángeles. Pero él los despreciaba, como despreció sin probarlos los almuerzos papales que le llevaban los penitentes, y nunca se supo si fue por ángel o por viejo que terminó comiendo nada más que papillas de berenjena. Su única virtud sobrenatural parecía ser la paciencia. Sobre todo en los primeros tiempos, cuando le picoteaban las gallinas en busca de los parásitos estelares que proliferaban en sus alas, y los baldados le arrancaban plumas para tocarse con ellas sus defectos, y hasta los más piadosos le tiraban piedras tratando de que se levantara para verlo de cuerpo entero. La única vez que consiguieron alterarlo fue cuando le abrasaron el costado con un hierro de marcar novillos, porque llevaba tantas horas de estar inmóvil que lo creyeron muerto. Despertó sobresaltado, despotricando en lengua hermética y con los ojos en lágrimas, y dio un par de aletazos que provocaron un remolino de estiércol de gallinero y polvo lunar, y un ventarrón de pánico que no parecía de este mundo. Aunque muchos creyeron que su reacción no había sido de rabia sino de dolor, desde entonces se cuidaron de no molestarlo, porque la mayoría entendió que su pasividad no era la de un héroe en uso de buen retiro sino la de un cataclismo en reposo.
         El padre Gonzaga se enfrentó a la frivolidad de la muchedumbre con fórmulas de inspiración doméstica, mientras le llegaba un juicio terminante sobre la naturaleza del cautivo. Pero el correo de Roma había perdido la noción de la urgencia. El tiempo se les iba en averiguar si el convicto tenía ombligo, si su dialecto tenía algo que ver con el arameo, si podía caber muchas veces en la punta de un alfiler, o si no sería simplemente un noruego con alas. Aquellas cartas de parsimonia habrían ido y venido hasta el fin de los siglos, si un acontecimiento providencial no hubiera puesto término a las tribulaciones del párroco.
         Sucedió que por esos días, entre muchas otras atracciones de las ferias errantes del Caribe, llevaron al pueblo el espectáculo triste de la mujer que se había convertido en araña por desobedecer a sus padres. La entrada para verla no sólo costaba menos que la entrada para ver al ángel, sino que permitían hacerle toda clase de preguntas sobre su absurda condición, y examinarla al derecho y al revés, de modo que nadie pusiera en duda la verdad del horror. Era una tarántula espantosa del tamaño de un carnero y con la cabeza de una doncella triste. Pero lo más desgarrador no era su figura de disparate, sino la sincera aflicción con que contaba los pormenores de su desgracia: siendo casi una niña se había escapado de la casa de sus padres para ir a un baile, y cuando regresaba por el bosque después de haber bailado toda la noche sin permiso, un trueno pavoroso abrió el cielo en dos mitades, y por aquella grieta salió el relámpago de azufre que la convirtió en araña. Su único alimento eran las bolitas de carne molida que las almas caritativas quisieran echarle en la boca. Semejante espectáculo, cargado de tanta verdad humana y de tan temible escarmiento, tenía que derrotar sin proponérselo al de un ángel despectivo que apenas si se dignaba mirar a los mortales. Además los escasos milagros que se le atribuían al ángel revelaban un cierto desorden mental, como el del ciego que no recobró la visión pero le salieron tres dientes nuevos, y el del paralítico que no pudo andar pero estuvo a punto de ganarse la lotería, y el del leproso a quien le nacieron girasoles en las heridas. Aquellos milagros de consolación que más bien parecían entretenimientos de burla, habían quebrantado ya la reputación del ángel cuando la mujer convertida en araña terminó de aniquilarla. Fue así como el padre Gonzaga se curó para siempre del insomnio, y el patio de Pelayo volvió a quedar tan solitario como en los tiempos en que llovió tres días y los cangrejos caminaban por los dormitorios.
         Los dueños de la casa no tuvieron nada que lamentar. Con el dinero recaudado construyeron una mansión de dos plantas, con balcones y jardines, y con sardineles muy altos para que no se metieran los cangrejos del invierno, y con barras de hierro en las ventanas para que no se metieran los ángeles. Pelayo estableció además un criadero de conejos muy cerca del pueblo y renunció para siempre a su mal empleo de alguacil, y Elisenda se compró unas zapatillas satinadas de tacones altos y muchos vestidos de seda tornasol, de los que usaban las señoras más codiciadas en los domingos de aquellos tiempos. El gallinero fue lo único que no mereció atención. Si alguna vez lo lavaron con creolina y quemaron las lágrimas de mirra en su interior, no fue por hacerle honor al ángel, sino por conjurar la pestilencia de muladar que ya andaba como un fantasma por todas partes y estaba volviendo vieja la casa nueva. Al principio, cuando el niño aprendió a caminar, se cuidaron de que no estuviera cerca del gallinero. Pero luego se fueron olvidando del temor y acostumbrándose a la peste, y antes de que el niño mudara los dientes se había metido a jugar dentro del gallinero, cuyas alambradas podridas se caían a pedazos. El ángel no fue menos displicente con él que con el resto de los mortales, pero soportaba las infamias más ingeniosas con una mansedumbre de perro sin ilusiones. Ambos contrajeron la varicela al mismo tiempo. El médico que atendió al niño no resistió la tentación de auscultar al ángel, y encontró tantos soplos en el corazón y tantos ruidos en los riñones, que no le pareció posible que estuviera vivo. Lo que más le asombró, sin embargo, fue la lógica de sus alas. Resultaban tan naturales en aquel organismo completamente humano, que no podía entender por qué no las tenían también los otros hombres.
         Cuando el niño fue a la escuela, hacía mucho tiempo que el sol y la lluvia habían desbaratado el gallinero. El ángel andaba arrastrándose por acá y por allá como un moribundo sin dueño. Lo sacaban a escobazos de un dormitorio y un momento después lo encontraban en la cocina. Parecía estar en tantos lugares al mismo tiempo, que llegaron a pensar que se desdoblaba, que se repetía a sí mismo por toda la casa, y la exasperada Elisenda gritaba fuera de quicio que era una desgracia vivir en aquel infierno lleno de ángeles. Apenas si podía comer, sus ojos de anticuario se le habían vuelto tan turbios que andaba tropezando con los horcones, y ya no le quedaban sino las cánulas peladas de las últimas plumas. Pelayo le echó encima una manta y le hizo la caridad de dejarlo dormir en el cobertizo, y sólo entonces advirtieron que pasaba la noche con calenturas delirantes en trabalenguas de noruego viejo. Fue esa una de las pocas veces en que se alarmaron, porque pensaban que se iba a morir, y ni siquiera la vecina sabia había podido decirles qué se hacía con los ángeles muertos.
         Sin embargo, no sólo sobrevivió a su peor invierno, sino que pareció mejor con los primeros soles. Se quedó inmóvil muchos días en el rincón más apartado del patio, donde nadie lo viera, y a principios de diciembre empezaron a nacerle en las alas unas plumas grandes y duras, plumas de pajarraco viejo, que más bien parecían un nuevo percance de la decrepitud. Pero él debía conocer la razón de estos cambios, porque se cuidaba muy bien de que nadie los notara, y de que nadie oyera las canciones de navegantes que a veces cantaba bajo las estrellas. Una mañana, Elisenda estaba cortando rebanadas de cebolla para el almuerzo, cuando un viento que parecía de alta mar se metió en la cocina. Entonces se asomó por la ventana, y sorprendió al ángel en las primeras tentativas del vuelo. Eran tan torpes, que abrió con las uñas un surco de arado en las hortalizas y estuvo a punto de desbaratar el cobertizo con aquellos aletazos indignos que resbalaban en la luz y no encontraban asidero en el aire. Pero logró ganar altura. Elisenda exhaló un suspiro de descanso, por ella y por él, cuando lo vio pasar por encima de las últimas casas, sustentándose de cualquier modo con un azaroso aleteo de buitre senil. Siguió viéndolo hasta cuando acabó de cortar la cebolla, y siguió viéndolo hasta cuando ya no era posible que lo pudiera ver, porque entonces ya no era un estorbo en su vida, sino un punto imaginario en el horizonte del mar.

lunes, 9 de mayo de 2011

NO MAMÁ, YO NO SOY RAMBO


NO MAMÁ, YO NO SOY RAMBO

Por Gulliermo Garay



  A Douglas Coupland





Superman está muerto, ella le insertó una bala verde en medio de los ojos. Ahora Dios se encuentra al mando, pero ni los rinocerontes blancos ni los demonios de tazmania cuentan con él. Todavía se ven manchas de sangre afuera del edificio de Rada. Rambo atropelló a una pareja de pingüinos y los ojos se le llenaron de lágrimas, se siente morir. Observo la mirada atenta de los escritores, los cuales esperan un titubeo. Llevo puesta una chamarra de diez kilos y comienzo a creer que aun el futuro cuenta con nosotros…



*



Mamá no soporta a los escritores que asesinan en todos sus cuentos. Dice que si quieres matar a alguien, sólo tienes que apretar el gatillo y volarle los sesos. Creo que tiene razón, aunque no por eso los Carpenters son la banda favorita de Dios. Lo digo porque asegura que el Apocalipsis comenzará con un cover de Superstar. “No te das cuenta. Al igual que su padre, Jesús fue carpintero. ¡Carpintero! Richard y Karen Carpenter. No los Dylan ni los Cohen.”     

En la Tele anunciaron que no se ha visto a Rambo desde que el escritor norteamericano, nuestro vecino, lo arrojara al mar. Se hundió y nadie estuvo ahí para salvarlo. Mamá dice que Dios quiso ayudarlo, pero que siempre tarda en ponerse su traje de baño.



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Nunca me ha agradado la idea de que un jodido día todo se vaya a la mierda. Ni siquiera puedes elegir de qué manera largarte de aquí. Podrías estar con una chica linda o viendo un buen programa de televisión y, de pronto, estarías observando el cuerpo de tu chica retorcerse mientras se incinera. Por eso soy escritor: para destruir cualquier cosa. A mamá no le agradó la idea así que me compró un estuche de herramientas. “Hijo, si quieres liquidar a alguien, tomas el martillo y le partes el cráneo”.  Le conté a Rada lo que me había dicho Dylan. Luego subimos a aventar desarmadores desde el décimo piso. Rada trepó por el barandal y me dijo “Bob tiene razón. Ayer el viento me enseñó mi muerte. Seré una anciana y la explosión llegará mientras duermo. Por eso voy a saltar, de cualquier forma Superman llegará a rescatarme. He visto mi muerte y no son estos diez pisos”.  Ella me guiñó el ojo y se dejó caer. Basta decir que mantenía una gran sonrisa mientras nuestro amor aceleraba a 9.8 m/s. No podemos culpar a Superman, supongo que es difícil volar con un agujero en la cabeza.



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A veces las tardes son más oscuras que las noches. El primer escritor en morir fue un viejo poeta enemigo de Rambo. El héroe de guerra tomó su cuchillo mataosos y le rebanó la yugular; luego, colgó su cabeza de un poste en señal de advertencia. En la tele, hay un programa que presenta a Dalila, la cerda trapecista. Un rosado mamífero apestoso que vuela de un trapecio a otro, dando saltos mortales sin red de protección. Comienzo a creer que la evolución por fin está dando frutos y que quizás los cerdos algún día puedan volar. Pero la programación es interrumpida. Se trata de un informe especial. No sé por qué la imagen de un narrador, con una flecha atravesándole la nuca, es más importante que Dalila. Me han quitado el día y salgo a observar el cielo, esperando ver a algún cerdo volador. Sólo he visto a un par de cuervos, con su plumaje violeta reflejándose en la noche. Hace rato habló Bob Dylan y me comentó: “No te preocupes, la respuesta está flotando en el aire”. Pero yo sólo he visto a un par de cuervos, un par de cuervos más oscuros que todas las tardes. 



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Fui a visitar a Rada  y me confesó que podía desaparecer cada vez que quería. Le dije que yo siempre he querido volar, pero ella contestó que esa era una cualidad exclusiva de Superman. Sonó el teléfono y era Doug, avisándome que mi ensayo “Escritores Kamikazes” fue aceptado en el próximo congreso de literatura, pero que debería tener cuidado, porque se rumoraba que Rambo ya se encontraba en la ciudad. Le creí, uno nunca sabe lo que es capaz de hacer un ex-boina verde que regresa del más allá. Pero también confiamos en Superman, quien de seguro ya estaba a punto de atraparlo. Subimos al décimo piso y me contó de qué manera moriría. En casa, mamá chateaba con Dios pero la interrumpió una explosión en casa del vecino: El escritor norteamericano había volado en pedazos. Luego Rambo derribó la puerta y gritó mi nombre, pero sólo se había encontrado con la mirada penetrante de mi madre. Mamá sacó su .38, apuntó firme, jaló del gatillo y le voló los sesos. Rambo se paralizó y el cuerpo de Superman, quien se encontraba detrás del héroe de guerra, se desplomó lentamente, bañando la casa de sangre azulroja. Rada se dejó caer, pero nunca tocó el piso. Desapareció, encontrando una respuesta en el aire.



*



No todos tus héroes son felices fue el título del programa especial dedicado a Superman. Su cuerpo fue enviado al espacio, donde se cree que recobrará la vida. Rambo huyó con mamá pero en el camino atropelló a una pareja de pingüinos. El congreso será un éxito. Cierro mi chamarra de diez kilos y me decido a entrar a la sala de conferencias. Un botón es suficiente para destruirlo todo, para decidir cómo carajos largarnos de aquí. Mientras leo mi ensayo, pienso en que algún día Rada aparecerá nuevamente, que algún día los cerdos volarán con capas colgando de sus hombros, un día donde los cuervos serán amarillos. Un mejor lugar, porque me alegra pensar que el futuro existirá hasta mañana y nosotros sólo necesitamos un instante. Dios olvidó apagar el estéreo y Bob Dylan interpreta Superstar de los Carpenters.





 Datos vitales



Guillermo Garay Torillo (Puebla, 1981) es Lic. en Lingüística y Literatura Hispánica y Maestro en Literatura Mexicana por la Universidad de Puebla. Obviamente ejerce como profesor en otra Universidad. Creador de la revista literaria “El Almuerzo desnudo” y editor de la revista “Broca”. Ganador del premio filosofía y letras –en el área de ensayo- 2006 y ganador del tercer concurso de cuento “La caja de chokokrizpiz” (2005). Ha publicado en varias revistas nacionales e internacionales. Becario del FONCA estatal en Puebla edición 2008. Actualmente está aprendiendo a comer con cubiertos.




SOBRE LA GUERRA


SOBRE LA GUERRA



Por Estanislao Zuleta



1. Pienso que lo más urgente cuando se trata de combatir la guerra es no hacerse ilusiones sobre el carácter y las posibilidades de este combate. Sobre todo no oponerle a la guerra, como han hecho hasta ahora casi todas las tenden­cias pacifistas, un reino del amor y la abundancia, de la igualdad y la homogeneidad, una entropía social. En realidad la idealización del conjunto social a nombre de Dios, de la razón o de cualquier cosa conduce siempre al terror, y como decía Dostoyevski, su fórmula completa es "Liberté, egalité, fraternité... de la mort". Para combatir la guerra con una posibilidad remota, pero real de éxito, es necesario comenzar por reconocer que el conflicto y la hostilidad son fenómenos tan constitutivos del vínculo social, como la interdependencia misma, y que la noción de una sociedad armónica es una contra­dicción en los términos. La erradicación de los conflictos y su disolución en una cálida convivencia no es una meta alcan­zable, ni deseable, ni en la vida personal -en el amor y la amistad-, ni en la vida colectiva. Es preciso, por el contra­rio, construir un espacio social y legal en el cual los con­flictos puedan manifestarse y desarrollarse, sin que la oposi­ción al otro conduzca a la supresión del otro, matándolo, reduciéndolo a la impotencia o silenciándolo.


2. Es verdad que para ello, la superación de "las contradicciones antinómicas" entre las clases y de las rela­ciones de dominación entre las naciones es un paso muy impor­tante. Pero no es suficiente y es muy peligroso creer que es suficiente. Porque entonces se tratará inevitablemente de reducir todas las diferencias, las oposiciones y las confron­taciones a una sola diferencia, a una sola oposición y a una sola confrontación; es tratar de negar los conflictos internos y reducirlos a un conflicto externo, con el enemigo, con el otro absoluto: la otra clase, la otra religión, la otra nación; pero éste es el mecanismo más íntimo de la guerra y el más eficaz, puesto que es el que genera la felicidad de la guerra.



3. Los diversos tipos de pacifismo hablan abundante­mente de los dolores, las desgracias y las tragedias de la guerra -y esto está muy bien, aunque nadie lo ignora-; pero suelen callar sobre ese otro aspecto tan inconfesable y tan decisivo, que es la felicidad de la guerra. Porque si se quiere evitar al hombre el destino de la guerra hay que empe­zar por confesar, serena y severamente la verdad: la guerra es fiesta. Fiesta de la comunidad al fin unida con el más entrañable de los vínculos, del individuo al fin disuelto en ella y liberado de su soledad, de su particularidad y de sus intereses; capaz de darlo todo, hasta su vida. Fiesta de poderse aprobar sin sombras y sin dudas frente al perverso enemigo, de creer tontamente tener la razón, y de creer más tontamente aún que podemos dar testimonio de la verdad con nuestra sangre. Si esto no se tiene en cuenta, la mayor parte de las guerras parecen extravagantemente irracionales, porque todo el mundo conoce de antemano la desproporción existente entre el valor de lo que se persigue y el valor de lo que se está dispuesto a sacrificar. Cuando Hamlet se reprocha su indecisión en una empresa aparentemente clara como la que tenía ante sí, comenta: "Mientras para vergüenza mía veo la destrucción inmediata de veinte mil hombres que, por un capri­cho, por una estéril gloria van al sepulcro como a sus lechos, combatiendo por una causa que la multitud es incapaz de com­prender, por un terreno que no es suficiente sepultura para tantos cadáveres". ¿Quién ignora que este es frecuentemente el caso? Hay que decir que las grandes palabras solemnes: el honor, la patria, los principios, sirven casi siempre para racionalizar el deseo de entregarse a esa borrachera colecti­va.


4. Los gobiernos saben esto, y para negar la disen­sión y las dificultades internas, imponen a sus súbditos la unidad mostrándoles, como decía Hegel, la figura del amo absoluto: la muerte. Los ponen a elegir entre solidaridad y derrota. Es triste sin duda la muerte de los muchachos argen­tinos y el dolor de sus deudos y la de los muchachos ingleses y el de los suyos; pero es tal vez más triste ver la alegría momentánea del pueblo argentino unido detrás de Galtieri y la del pueblo inglés unido detrás de Margaret Thatcher.


5. Si alguien me objetara que el reconocimiento previo de los conflictos y las diferencias, de su inevitabili­dad y su conveniencia, arriesgaría paralizar en nosotros la decisión y el entusiasmo en la lucha por una sociedad más justa, organizada y racional, yo le replicaría que para mí una sociedad mejor es una sociedad capaz de tener mejores conflic­tos. De reconocerlos y de contenerlos. De vivir no a pesar de ellos, sino productiva e inteligentemente en ellos. Que sólo un pueblo escéptico sobre la fiesta de la guerra, maduro para el conflicto, es un pueblo maduro para la paz.


domingo, 1 de mayo de 2011


INSTRUCCIONES PARA LLORAR

Por Julio Cortázar


Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.



INSTRUCCIONES PARA SUBIR UNA ESCALERA

Por Julio Cortázar


Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se situó un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).


Llegando en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.

El futuro del Estado de Bienestar


"El futuro del Estado de Bienestar " 
 Por Amartya Sen.

Amartya Sen es ateo y recibió el Premio Nobel de Economía en 1998. Es conocido por sus trabajos sobre las hambrunas, la economía del bienestar y el problema de los Valores y la Ética, conceptos abandonados por la Economía actual; demostró que el hambre no es consecuencia de la falta de alimentos, sino de desigualdades en los mecanismos de distribución de alimentos. Esta conferencia la pronunció en Barcelona: 

Ayer, cuando celebrábamos la ceremonia de entrega del Premio Catalunya, el presidente Pujol, en un determinado momento, dado que yo hablaba de, entre otras cosas, los valores asiáticos, mencionaba que el Estado de bienestar forma parte de los valores europeos y creo que esta observación es atinada.

En efecto, el Estado de bienestar, tal como lo conocemos, es uno de los grandes logros de la civilización europea, es una de las grandes contribuciones de Europa al mundo. El resto del mundo ha emprendido esta dirección, imitándolo cada vez más, valorando positivamente, en muchos aspectos, lo que ha sucedido en Europa desde que concluyera la Segunda Guerra Mundial.

Creo que es importante tener esto en cuenta porque hay algo muy importante, y de largo plazo, en lo que es la perspectiva del Estado de bienestar. Los problemas a corto plazo con que a veces se enfrentan las economías pueden suponer una tentación para la economía de alejarse de un compromiso a largo plazo, pero esto sólo se podrá hacer a gran coste. No se sacrifican los grandes logros de la civilización, porque en un determinado momento se están atravesando problemas de corto plazo.

Entonces deberemos examinar si algunas de las dificultades previstas en la misma naturaleza del Estado de bienestar y su sustentabilidad, son realmente problemas a largo plazo o no. Problemas que no podremos soslayar sin desmantelar en cierta medida el Estado de bienestar tal como lo hemos entendido.

Vamos a hacer un par de comentarios antes de proceder. Primero: ¿Cuál es la naturaleza de ese Estado de bienestar? La naturaleza del Estado de bienestar consiste en ofrecer algún tipo de protección a las personas que sin la ayuda del Estado puede que no sean capaces de tener una vida mínimamente aceptable según los criterios de la sociedad moderna, sobretodo la Europa moderna. La idea fundamental versa en torno a la interdependencia entre los seres humanos. En este sentido, el Estado de bienestar, tiene algo en común con la economía de mercado, porque la economía de mercado también es algo donde el individuo solo no es absolutamente nada. En la economía de mercado las personas dependen unas de otras, y nadie ha explicado esto tan claramente como Adam Smith en "La riqueza de las Naciones". Toda la base de la economía de mercado gira en torno a la capacidad de interactuar entre sí, de depender unos de otros, de poder hacer cosas para los demás y que ellos hagan cosas por ti.

La economía de mercado


Adam Smith no se limita a considerar el intercambio, donde la principal motivación surge de la búsqueda de la ganancia individual. Es decir, tengo algo que me gustaría intercambiar por algo que tienes tú, y tú estás dispuesto a intercambiar lo que tú tienes por lo que yo tengo. Y esto redunda en un cambio mútuamente beneficioso, siendo esa la base del intercambio en la economía de mercado.


Pero como decía Adam Smith la economía de mercado no es sólo un asunto de intercambio, sino que también incorpora la producción, la creación de instituciones que hacen posible y duradero el intercambio. Esto requiere una confianza mutua y que si alguien me promete algo yo pueda creérmelo. Que si usted me dice que se compromete a hacer algo, yo pueda creérmelo. Pues bien, esto son cosas que suponen una dependencia directa de un determinado tipo de comportamiento del otro, que es algo que acepto como parte de la ética de una economía de mercado, de una economía capitalista.


A veces la gente comete el error de pensar que la economía capitalista sólo florece a partir del afán de lucro. La economía capitalista prospera, ante todo, a base del "etos" capitalista, que incluye también el orgullo en la calidad de la producción, orgullo que se siente por la capacidad de realizar lo que uno ha prometido. El carácter de confianza es una faceta muy importante del "etos" capitalista y la búsqueda de beneficios encaja en esa estructura más amplia.


Tal como la economía de mercado funciona poniendo en sintonía a diferentes personas, pues el Estado de bienestar hace exactamente lo mismo. Advierte que es posible que algunas personas se adentren en una situación muy difícil, por causa de enfermedad, pueden necesitar asistencia médica y aunque tengan un patrimonio suficiente, quizá no puedan permitirse pagar los gastos, según el tipo de enfermedad, o quizá se empobrezcan o pierdan el trabajo, o puede que tengan un bajo nivel salarial u otro tipo de problemas, como discapacidades de toda suerte que les impide tener una renta decente. Lo que entonces aporta el Estado es un apoyo básico para que no caiga en ese agujero de la pobreza, no se hunda en la pobreza. El Estado de bienestar impide que alguien llegue a un estado de existencia que se podría calificar de vergonzoso en la sociedad moderna.


Pues bien, el Estado de bienestar, evolucionó lentamente y se ha producido un cierto consenso sobre estas garantías básicas, de manera que el ser humano puede confiar en la ayuda de los demás. En función de la gravedad de las circunstancias, esta ayuda puede ser mayor o menor, es algo que también depende de una serie de circunstancias.


La idea subyacente del Estado de bienestar, en cierto sentido, es la de una sociedad interdependiente, donde la idea de la responsabilidad está ampliamente compartida.


El segundo concepto que quiero recalcar es la idea de Europa. Esto surge a partir de una situación de guerra en los años treinta, principios de los cuarenta, y las primeras reflexiones sobre el movimiento del federalismo europeo se originan como reto directo a la II Guerra Mundial.


He sido muy afortunado al poder conocer algunas de las personas que participaron en esto. Mi esposa anterior, Eva Coloni, que falleció en 1985, era hija de Eugeni Coloni, uno de los signatarios del Primer Manifiesto Federalista Europeo del 41, que luego se firmó en Milán en el 43. Otro signatario fue Alterio Espinelli, que fue mi suegro. Mi suegra se casó con él después de que su primer marido fuera fusilado por Mussolini unos tres días antes de la llegada de las tropas americanas a Roma. Realmente fue un momento muy trágico, casi al final de la guerra. Estaba en la resistencia y, para los fascistas ese era motivo para matarle.


Pero los inicios del movimiento federalista europeo se originan entonces. El tercer signatario de este documento tripartito fue Ernesto Rossi. Y si analizamos este documento, que da la casualidad que tenemos en mi familia, quedan claras cuales fueron las principales motivaciones tras el movimiento federalista europeo. No fue la estabilidad monetaria ni cuestiones similares, a pesar de constituir asuntos importantes, sino que se produce primero y ante todo el compromiso de llegar a la unidad europea sin guerra, el compromiso para con una Europa libre, donde las personas pudieran confiar unas en otras y el Estado de bienestar sería el resultado natural de esto.


Y el tercer elemento que se recalca una y otra vez es la necesidad de gobernar por debate, a partir de un intercambio de ideas basado en un debate libre. Ellos que habían vivido el primer período del fascismo italiano, pensaron que una de las cosas que se había perdido allí era la capacidad de hablar libremente, de debatir, de criticarse unos a otros, de que las decisiones surgieran sobre la base del debate.


Yo diría que esos compromisos son: en primer lugar, vivir en paz, vivir en libertad. Segundo, la necesidad de poder confiar unos en otros, interdependientes. Y, tercero, el llegar a decisiones basadas en el debate previo. Siguen de gran actualidad hoy por hoy y, cuando examinamos algunos de los debates con que se enfrenta Europa, hemos de tener en cuenta estos valores básicos que tan cruciales fueron en el inicio del movimiento europeo.


La Unión europea


Posteriormente el movimiento europeo desarrolló muchas otras etapas y se convirtió en ese gran logro que es hoy en el mundo, y debo decir que considero que la Unión Europea es uno de esos grandes logros del Siglo XX.


Es realmente notable que ya se ha llegado a esta Unión. Personalmente, yo criticaría algunas de las prioridades de la Unión Europea, hoy por hoy, tal como yo lo veo, pero eso no me impide que la admire. Hablo desde una gran proximidad y también desde cierta distancia. He pasado la mitad de mi vida en Europa, he tratado con europeos, incluso en mis dos matrimonios -mi esposa actual es inglesa, la anterior como les decía era italiana-, pero también como economista me bombardean continuamente con preguntas sobre Europa y claro uno nunca puede sustraerse a ese planteamiento.


Pero no soy europeo, no nací en Europa, y tampoco soy europeo en estos momentos, vivo en Estados Unidos y soy ciudadano súbdito de la India. Así, hablo un poquitín desde el exterior pero a veces resulta útil hablar desde el exterior, puedes hacer comparaciones. Ciertamente, una comparación entre Europa y EE.UU. es muy importante actualmente, sobre todo cuando se debate el futuro del Estado de bienestar.


Estas cosas las digo a guisa de antecedentes. Bien, ¿Cuál es el problema? El Estado de bienestar ha alcanzado grandes logros, esto nadie lo pone en tela de juicio, pero, a veces, se olvida cuanto han cambiado las cosas.


Observemos Europa. Prescindiendo de los años de la guerra, consideremos los principios de los años veinte, treinta o incluso finales de los treinta, o principios del período de posguerra, mediados los cuarenta. La expectativa de vida en Europa era muy inferior de lo que es hoy el caso en África o Asia. La incidencia de morbosidad, de enfermedades de todo tipo que desde entonces se han eliminado radicalmente, fue muy alta, en esa época, incluso en Europa. Similar es el caso de la pobreza. Creo que debería ser realmente causa de orgullo que la situación haya cambiado tantísimo en Europa desde entonces y el Estado de bienestar ha tenido un papel importante en ello: la asistencia sanitaria, las redes de seguridad social, los programas de alivio de la pobreza, seguro de desempleo, planes de pensiones de algún tipo, quizás no excesivo, pero si el derecho que tienen los ciudadanos de gozar de una existencia decente también durante su jubilación.


Todo esto que forma parte del Estado de bienestar no siempre reviste esta forma segregada, a veces todo queda integrado como sucede en algunos países. El Reino Unido es un país donde está bastante integrado. A veces todo viene muy desmenuzado como en el caso de Italia, donde prácticamente no hay política nacional en la materia, hay una variedad de seguros relacionados con el empleo, etc. y hay que analizar la suma de todo.


La verdad es que me sorprendió el caso de Italia. La última vez que estuve, a menudo voy a Italia pero el año pasado estuve cuatro meses en Italia en un trabajo de consultoría con el Banco de Italia, coincidió que estaban haciendo un estudio sobre la pobreza y yo estuve dándoles algunos consejos. El mes que viene, en junio, se ultimará este informe sobre la pobreza, y debo decir que me sorprendió lo heterogéneo que es el sistema italiano, la heterogeneidad italiana es una de las cosas más destacables de Europa, porque dentro de un sólo país nos encontramos con enormes diferencias.


Por ejemplo, las rentas. Si clasificáramos todas las demarcaciones de Europa en categorías, 1,2,3,4,5, uno los más ricos y cinco los más pobres, veríamos como en la categoría uno, prácticamente no hay ni un británico y muy pocos franceses, hay muchos alemanes y muchos italianos. De hecho, la población italiana de la categoría uno, Emilia Romana, Venecia, etc. es mayor que la población alemana de la categoría uno. Al analizar la dos, el Reino Unido ya empieza a aparecer, Francia con fuerte representación, Alemania también. En la categoría cinco Alemania ya ha desaparecido, Francia no aparece, el Reino Unido tampoco, pero Italia tiene una fuerte representación, así que Italia abarca todo el abanico de esas categorías. Por esto el estudio de la pobreza en Italia resultó especialmente interesante ya que es un tema muy candente.


Tres preocupaciones


Ahora el problema que arrastra Italia es una versión exagerada o, mejor dicho, una versión más acentuada de lo que se enfrenta Europa en general. El deseo de tener un Estado de bienestar floreciente conlleva muchos problemas fiscales y de vez en cuando el gobierno italiano recibe un recordatorio de la Unión Europea de que no están haciendo lo suficiente en esta materia. ¿Dónde reside el problema en cuanto al aspecto fiscal? ¿Por qué nos preocupa?


Hay tres preocupaciones concretas:


La primera preocupación es bastante mecánica. La idea de que Europa ha de tener una moneda común, la Unión Monetaria Europea ha de tener una moneda llamada euro. Por ello, hay que hallarse en la situación en la que la moneda común opera sin traumas y esto quiere decir que las presiones que conllevan inevitablemente a la devaluación o la apreciación, no deberían producirse. Si se produjeran con una moneda común, ya que no hay un método de ajuste de devaluación, este ajuste se realizará en términos reales, grave depresión, desempleo, recesión, etc. Esto hay que evitarlo.


Digo que es mecánico porque mientras que la Unión Monetaria Europea es, en última instancia, algo muy bueno y la idea de la moneda común es una muy buena idea, a mi modo de ver, en cierto modo es una decisión de ceder uno de los instrumentos de ajuste, a saber, los tipos de cambio monetarios.


Muy pronto, la pregunta que se han hecho muchos economistas es la siguiente: ¿Por qué van a prescindir ustedes de este campo concreto de control, a saber los tipos de cambio? No hay acuerdo europeo sobre el desempleo, no hay acuerdos europeos, pero, repentinamente, aquí está el euro. En fin, no pongo en duda la Unión Monetaria Europea, me parece una idea excelente y también la del euro. Pero la pregunta es: ¿cuál hubiera debido ser el secuenciado? Esta fue una razón por la que decir: si quieren llegar ustedes al euro en 1999, cada país ha de tener menos del 3% de déficit presupuestario como porcentaje del PIB y el endeudamiento público no ha de ser más del 60% del PIB. Esto parecía tan imposible que esta condición se relajó pronto y se dijo: los países harán un auténtico esfuerzo para llegar al 60%, no importa que lo consigan o no.


Entonces el compromiso importante radica en el 3% y ahora muchos países, incluido Alemania, están teniendo problemas con esto. Recuerdo hace un tiempo, cuando yo estaba en Italia, sólo Luxemburgo reunía esta condición. Ahora esta situación ha cambiado, ha mejorado un tanto, pero 1999 será un gran logro si todos esos países llegan a conseguirlo.


Esto es un tipo de motivación, yo diría que es propulsada por un programa, no fundamental, pero uno puede ser prisionero de una situación impulsada por programas, por eso lo menciono sin vacilación alguna.


En el debate británico ocurría una cosa curiosa, pues si eras, de alguna manera, escéptico respecto al euro, inmediatamente te tachaban de conservador, y dado que nunca me he visto atraído por la filosofía del Partido Conservador fue extraordinario que cada vez que hablaba del euro, se me tachaba de tener un punto de vista tory. Los laboristas se consideraban totalmente proeuropeos, mientras que los torys aportaban argumentos en contra, y debo decir que, a veces, eran argumentos muy válidos en contra de tener el euro en ese momento. Pero esto es lo que sucede cuando es impulsado por programas, porque entonces no está relacionado con las plataformas políticas de los partidos. Es interesante que, desde el punto de vista laborista, problemas como el desempleo y la pobreza se convierten en algo secundario frente a la estabilidad monetaria, y eso realmente es opuesto a la posición laborista. Pero esto ha sucedido debido a la naturaleza programática de la Unión Europea, que ha convertido esta cuestión en prioridad insoslayable.


El segundo tema, el más importante, es el de la inflación y la posibilidad de que si no se limita el Estado de bienestar, podría producirse una presión tan fuerte de la inflación que pondría en peligro el crecimiento económico. Este es un tema grave, es algo que se aplica a cualquier país individualmente, pues cualquier país puede tener un problema con esta cuestión.


Mi amigo Michael Bruno, que fue Gobernador del Banco de Israel, y tiene en su crédito haber contenido una inflación masiva -es un récord superior al que cualquier banquero del mundo haya conseguido pues controló una situación casi imposible-, elaboró una serie de estudios muy interesantes relativos a la inflación. Uno fue la base de su conferencia en el Banco de Italia, hace tres años, él lamentablemente falleció en diciembre del año pasado.


En esa conferencia dice que el impacto de la inflación sobre la economía real no es demasiado negativo, a menos que la inflación sea muy elevada. Sin embargo hay una trampa, pues si la inflación es moderada hay una enorme tendencia a que no siga siendo moderada, sino que hay una fuerte tendencia a aumentar. Estableció el paralelismo con el tabaquismo, dijo no hay fumador moderado, me imagino que esto no será muy popular que lo diga yo en España, porque aquí se fuma mucho más que en Estados Unidos últimamente, por ejemplo. Aquí se fuma tanto como en mi propio país, la India y también en China se fuma muchísimo.


Pero lo que quiero decir es que es muy difícil seguir siendo fumador moderado y también es difícil seguir con una inflación moderada en una situación inflacionista. Él llega a la conclusión de que hay que prevenir no sólo una alta inflación, sino también la inflación moderada, porque uno se halla en lo que se llama una inestabilidad dinámica.


Entonces debemos examinar hasta que punto un déficit presupuestario es alimentado por el Estado de bienestar. Por supuesto, los Estados de bienestar son un fuerte gravamen para el déficit presupuestario. Se trata de cómo reducir ese déficit sin prescindir del compromiso básico que ofrece el Estado de bienestar. Este es el segundo punto: peligro de la inflación y la inestabilidad dinámica que entraña la inflación moderada.


El tercer tema es el de los incentivos económicos. En este punto puede decirse que si el Estado de bienestar ofrece un alto grado de protección, las personas no se esforzarán en buscar trabajo y, a veces, se dice que el desempleo viene alimentado por el seguro de desempleo, pues se goza de una relativa seguridad a pesar del desempleo y de ahí que la atracción hacia el trabajo es muy inferior de lo que sería sin este subsidio. Hay cierta verdad en ello, si bien hay que ver cuanta verdad hay y cuanta exageración hay en lo que es la incentivación. Es decir, debemos preguntarnos: ¿En qué medida el subsidio de paro es un factor que hace que la gente no se interese por la búsqueda de un puesto de trabajo? Esto, evidentemente, sucederá en algunos casos, pero vemos todo lo contrario en otros.


Esta mañana he tenido una entrevista en la radio y alguien me explicó que el balón usado en el partido de fútbol de ayer, en el cual el Barça consiguió una gran victoria, fue un balón fabricado en la India, y según este señor había sido fabricado por niños. No sabía que se utilizaba niños en la producción de balones de fútbol. Y no importa si el temor es verídico o no, porque el trabajo infantil existe, por supuesto. El trabajo infantil y muchas otras cosas se producen cuando no hay un sistema de seguridad social, porque puede que a las personas no les quede mas remedio. Este no es un argumento para tolerar el trabajo infantil. Evidentemente hay que prohibir el trabajo infantil, pero a la vez hay que hacer algo positivo, aportar ayuda, pero ambas cosas han de ir a la par, prohibir el trabajo infantil no es suficiente, también hay que ofrecer las circunstancias que hagan innecesarias ese tipo de trabajo.


El impacto del desempleo


En el contexto europeo huelga decir que no sólo hay que dar incentivos, hay que crear auténticas oportunidades laborales, y esto plantea un tema diferente como es la prevalencia al desempleo en estos países. He estado estudiando con cierto interés el problema del desempleo en parte por mis conexiones con el Banco de Italia, porque el Banco de Italia ahora está lanzando otro estudio para el que yo estoy escribiendo la introducción, se llama "Penalizaciones al desempleo".


He intentado repasar toda la bibliografía que existe sobre el tema del desempleo en los diferentes idiomas que hablo y, sobre todo, lo que se ha publicado en Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá, así como algunas traducciones de otros idiomas europeos. Una de las cosas que aparece una y otra vez es el desaliento motivacional de un fuerte desempleo para la búsqueda futura de empleo, este desaliento es inmenso. Es decir, si uno se acostumbra a ese estado de paro, la posibilidad de que uno se empeñe en la búsqueda de un puesto de trabajo se ve fuertemente socavada. Fíjense en la diferencia que intento señalar: hay el efecto incentivo del subsidio del desempleo y el efecto incentivo del propio desempleo.


Lo que recogen las estadísticas, como el impacto del seguro de desempleo, es de hecho el efecto del mismo desempleo, es una situación que desmotiva mucho, uno siente que nadie le quiere, o que no tiene capacidades para las cuales alguien está dispuesto a contratarle. En esta situación es frecuente no sólo el deterioro de capacidad, sino que la pérdida de confianza en uno mismo es muy grande.


En uno de estos estudios, mayoritariamente realizados en Estados Unidos donde el desempleo se considera mucho más como un mal que en Europa, una de las cosas que se destaca es como se inicia el deterioro psicológico y como las personas, tras un largo periodo de desempleo, cuando vuelven al trabajo manifiestan una baja productividad, ya que ha cambiado fundamentalmente su psicología. Aquí nos hallamos ante un gran problema psicológico, a parte de la psicología de autoayuda que comentaré después, porque a menudo esto también aparece en el contexto del Estado de bienestar, es decir, se produce un declive psicológico.


No se trata sólo de tener un seguro para no entrar en la pobreza, es una cuestión de que uno depende de los demás. Uno quiere conseguir un puesto de trabajo, no lo consigue, debe depender de los demás, y esta no es una situación en la que el ánimo de la responsabilidad individual o la autoayuda se vea alentada precisamente. Entonces sí hay un problema con el desempleo que va mas allá que el problema del subsidio de paro y culpar al seguro de desempleo y al Estado de bienestar por el mal del desempleo es confundir las cosas.


Europa y Estados Unidos


Creo que no se distingue en medida suficiente entre los diferentes componentes que tiene el impacto del desempleo sobre la cultura de autoayuda. Ahora, ¿qué diferencia aporta esta cultura de autoayuda y en qué grado? A menudo los Estados Unidos se aducen para la comparación con Europa en lo que es el Estado de bienestar. En ocasiones se comparan Estados Unidos y Europa, y se dice que la gran diferencia reside en el hecho de que en Europa hay normativas, reglamentaciones oficiales que se consideran de forma favorable y en Estados Unidos no. Pero esto no es así.


Estados Unidos es un país con una gran cantidad de reglamentaciones. Hay reglamentaciones antimonopolios, antitrust sobre precios del consumo, regulaciones relativas a la libre competencia, no hay monopolio privado ni público para lo que no haya una comisión de consumidores que tiene un poder mandatorio, un poder regulatorio, no pueden elevarse los precios de televisión o de telefónica sin el consentimiento de estas comisiones, que ostentan una representación de los consumidores.


Algunas de las cosas que sucedieron tras las privatizaciones en el Reino Unido serian impensables en Estados Unidos. Cuando se privatizó el agua, por ejemplo, que era un monopolio público y paso a convertirse en monopolio privado, las autoridades del agua, siendo los únicos suministradores de agua, tuvieron toda libertad para hacer un montón de cosas que en Estados Unidos no se hubiera autorizado jamás. En Estados Unidos la tradición de la regulación pública en una situación de monopolio está claramente establecida, porque una de las cosas que la cultura de la autoayuda ha intentado fomentar es una gran suspicacia ante los monopolios.


De hecho, el principal ataque contra los sindicatos fue que se dijo que constituían un monopolio y no otra cosa. Es decir, tenían bastante en común con el monopolio de los ferrocarriles, siendo este el principal argumento retórico. Es interesante, a menudo, examinar la retórica porque revela lo que viene implícito en la mente de la gente.


No creo que la gran diferencia entre Estados Unidos y Europa resida ahí, tampoco reside en las diferencias de opinión que existen sobre el sueldo mínimo. De hecho, Estados Unidos también lo tiene, igual que lo tiene Europa, lo que sucede es que el nivel es mas bajo en el contexto americano.


Ahora la gran diferencia veámosla en esa cultura de la autoayuda, a mi modo de ver, y este es el aspecto positivo de la cultura de la autoayuda, luego hablaremos de los aspectos negativos. El aspecto positivo incluye una enorme disposición a dar prioridad a aquellas cosas que hagan posible que las personas se ayuden a sí mismas, por lo tanto uno de los objetivos primordiales es crear un alto nivel de empleo en la economía.


Empecé comparando la situación entre finales de la Segunda Guerra Mundial y la actualidad. Ahora, me remito a los años sesenta. La guerra ya pertenecía al pasado, el auge de la posguerra estaba en plena marcha, las economías de occidente por primera vez empezaban a sentirse cómodas, la reconstrucción de Alemania estaba ampliamente completada, no plenamente, pero sí había avanzado ampliamente.


Si examinamos la tasa de desempleo en estas economías, ¿qué encontramos? Pues la tasa de desempleo en Estados Unidos era un 4'5% a finales de los sesenta, en Francia la tasa de desempleo era de un 2'3%, en Italia un 5'5% y en Alemania un 0'9%.


Ahora si analizamos estos países en la actualidad, vemos que Estados Unidos que tenía el 4'5% ahora tiene 4'9%, ha subido un poco desde entonces y ha vuelto a bajar. Este 4'5% ó 4'9% quizá no se calcule exactamente de la misma forma que en Europa, habría que agregarle un 1% ó un 2% pero no mucho más.


En Italia se pasó del 5% al 12%, en Francia del 2'3% al 12%, en Alemania del 0'9% a casi el 12%. Es un cambio dramático de la situación.


Un aumento del desempleo de este tipo creo que políticamente sería imposible en Estados Unidos, no creo que ningún gobierno sería capaz de sobrevivir.


El presidente del Círculo ha tenido la amabilidad de citar uno de mis alegatos que dice que jamás un país con libertad política, libertad de prensa, ha sufrido hambruna. Con estas libertades es imposible que haya hambruna, porque ningún gobierno se atrevería a llegar a tal situación por temor a no ser votado. Y creo que lo mismo pasaría con el desempleo. Si Estados Unidos tuviera un 12% ó un 13% de desempleo, sin hablar de un 20%, no creo que ningún gobierno pudiera sobrevivir ni llegar a las próximas elecciones.


¿A qué se debe esto? Creo que el empleo es un aspecto crucial de la cultura de la autoayuda, porque ¿cómo va independizarse uno de los demás?, pues consiguiendo un puesto de trabajo y obteniendo unos ingresos. Es reconocido que dadas las fricciones de cualquier economía -movimientos, traslados-, siempre habrá un grado mínimo de desempleo, pero la expectativa es que el periodo de desempleo sea corto y, aunque sea el 2, 3 ó 4%, no será algo que deje a personas con largos trechos de desempleo. El desempleo es muy hostil a la cultura de la autoayuda, y en Estados Unidos políticamente es imposible que se produzca ese nivel de desempleo, nivel que Europa por norma tiene en estos momentos.


Europa es muy autocomplaciente. Al preguntarse, ¿a qué se debe que la gente tenga ese gran incentivo de buscar trabajo, incluso trabajo de bajo nivel?, considera que los americanos no tienen desempleo pero tienen una gran cantidad de empleos con muy bajos salarios. Creo que se está exagerando. También en Europa hay trabajos de paga reducida, legales o no, pero creo que la situación en Estados Unidos es dramáticamente diferente a la de Europa. Yo diría que el factor básico y único en el mantenimiento de la cultura de la autoayuda -y el mantenimiento de los incentivos, de la motivación de búsqueda de empleo- es el alto nivel de empleo existente. El desempleo se fomenta a sí mismo y esta es una de las penalidades del desempleo. Achacar la culpa al subsidio de desempleo es confundir una de las consecuencias del desempleo con el mal del propio desempleo, lo cual tiene un enorme impacto en reducir la motivación para buscar trabajo y en tener un sentido de responsabilidad individual y mayor dependencia de los demás.


Si Europa va a racionalizar el Estado de bienestar, creo que, indudablemente, esta cultura de la autoayuda se necesitará aquí y la revisión de la política del empleo ha de constituir una parte central de ello.


Harlem y Bangla Desh


Por supuesto, esta cultura de autoayuda tiene un aspecto también muy negativo, como es la falta del Estado de bienestar. Si estamos acentuando tanto la responsabilidad individual, es posible combinarlo de forma sensata con la responsabilidad social, y algunos países lo hacen. Canadá es un buen ejemplo, tiene una combinación de ambas cosas.


Pero en el contexto de los Estados Unidos se alaba tanto la responsabilidad individual que lleva a una situación donde hay treinta millones de personas, o incluso más, sin seguro médico. A mi me parece una realidad escandalosa.


Hace cinco años, hice unos estudios que se publicaron, un par de ellos, en revistas económicas profesionales, pero también uno, en una revista popular llamada "Scientific American". En dicho estudio, de abril de 1993, hice una comparación de las posibilidades de supervivencia de las personas desaventajadas en los Estados Unidos.


No hay que indagar mucho, no hay que buscar sueldos mínimos. Con sólo mirar la raza, se obtiene una imagen dramática. Los negros americanos tienen menos posibilidad de vivir, menos probabilidad de vivir a la edad de 40 años no más, que los Chinos, o los de Sri Lanka, o los Hindúes. Ello ocurre en muchos de los Estados, incluyendo Canadá. No es sólo que a los afroamericanos les va peor que a los americanos blancos, que ya se ha dicho, sino que los negros también son menos favorecidos que otras etnias de los países del Tercer Mundo.


En Harlem, que forma parte de una de las ciudades más ricas del mundo como es New York, la capital de negocios del mundo, el residente varón tiene menos posibilidad de vivir mas allá de 38 años que uno de Bangla Desh.


Creo que este es un dato escandaloso para un país como Estados Unidos y me parece que es exactamente lo que significa la falta del Estado de bienestar. Los que quieren desmantelar el Estado de bienestar tienen que mirar muy a fondo cuáles serán las consecuencias.


En un país donde ha habido mucho progreso médico, las personas como yo tenemos una buena asistencia médica y, con un buen seguro médico, podemos confiar en obtener la mejor asistencia del mundo. Por cierto, Harvard proporciona una asistencia médica excelente. Pero muy cerca de Harvard, a un par de kilómetros, hay muchas personas cuyos hijos iban a la escuela con los míos, así que les conocía, que no tienen seguro médico, no tienen asistencia médica de ningún tipo.


Entonces, ¿qué hacen? Si tienen un problema crónico, van a urgencias. ¿Por qué? Porque urgencias no puede rechazar a la gente si simulan que se han caído y se han roto una pierna. Luego en el examen médico descubren otra cosa, Hepatitis B por ejemplo, y reciben tratamiento durante un tiempo limitado. ¿Por qué lo hacen? Simplemente porque no hay otra forma de obtener asistencia médica. Después de un tiempo en urgencias les dicen: "Lo sentimos mucho el tratamiento termina aquí". A mi me parece totalmente escandaloso y esta es la otra cara de la moneda que tenemos que recordar.


La pregunta que se plantea aquí es si esa cultura de autoayuda tiene algo de mérito y la responsabilidad social que engendra el Estado de bienestar en Europa tiene mérito, ¿por qué no podemos tener las dos? Aquí nos encontramos con la cuestión fiscal. ¿Es posible continuar con el Estado de bienestar tal como se ha hecho hasta ahora, sin que esto cause una fuerte crisis?


Incentivar el empleo


Comenzaré con una observación general sobre el desempleo y el Estado de bienestar, luego ahondaré mas en el tema de debate público y la revisión de lo que es el concepto del Estado de bienestar.


El desempleo es el mayor enemigo del Estado de bienestar por dos razones muy distintas. La primera, una razón obvia, bien comprendida y la segunda menos obvia pero hace falta estudiarla mucho mas a fondo.


La razón obvia es que el seguro de desempleo supone una carga enorme para el Estado cuando hay un alto nivel de desempleo. Es una razón evidente, pero a veces olvidamos la enorme proporción del gasto del bienestar que se utiliza para este fin. Naturalmente, conlleva la pregunta: ¿Por qué no podemos cambiar el sistema, de tal forma que el dinero que destinamos al seguro de desempleo podría subsidiar el empleo? Es decir, para que los empresarios tengan un incentivo económico para contratar. Sobre esto han escrito distintos economistas profesionales y quizá lo más interesante haya sido escrito por uno de mis amigos, Jean Paul Feautouci. Harvard University Press ha editado recientemente uno de sus libros. Básicamente son distintos programas para incentivar económicamente la búsqueda de empleo, destinando a ello los mismos recursos que se destinan al subsidio de desempleo.


¿Cuáles son las ventajas? La primera ventaja es disponer de trabajo, no se tiene pérdida de la habilidad, no se tiene la pérdida psicológica, no se sufre la miseria, no se padece la pérdida de motivación que conlleva el desempleo, no se producen otros muchos aspectos socialmente disruptivos asociados con el desempleo. Además, también son personas productivas, de manera que la sociedad recibe algo a cambio. Creo que este es un punto central para el futuro del Estado de bienestar.


Segundo punto, creo que el desempleo europeo ha dificultado ciertas reformas sociales, hecho que debemos tener en cuenta. Una de las razones por la que las personas se preocupan del futuro del Estado de bienestar es por lo que llaman el ratio de dependencia en aumento. ¿Qué es el ratio de dependencia? Es la proporción de personas de nuestra población que no trabajan, porque son demasiado viejos, demasiado jóvenes, como proporción de las personas que pueden trabajar. El ratio de dependencia tiende a subir cuando hay mayor perspectiva de vida. En Europa ya no son 45 años la perspectiva de vida sino que se acerca a los 75 y, por tanto, este es un punto muy importante.


La pregunta natural que uno haría aquí es la siguiente: ¿Por qué son más longevas las personas? Porque son más sanas. Pues tienen mejor salud, ¿por qué no pueden seguir trabajando? Antes se decía que los mineros necesitaban una gran fuerza física, pero hoy en día la mayoría de los trabajos no son de ese tipo. Hoy en día la mayoría de los trabajos son de oficina, muy pocos requieren esfuerzo físico con lo cual no hay barrera física para el trabajo. Entonces, ¿cuál es el problema?


Jóvenes y jubilados


La respuesta inmediata sería: si la gente vieja no se jubila, ¿qué pasará con los jóvenes? No encontrarán trabajo. Con lo cual, el miedo al desempleo mantiene cualquier reforma de la edad de jubilación como una especie de rehén. En aquellos países donde el nivel de desempleo es mucho más bajo este miedo no existe. Por ejemplo, en Estados Unidos ya no hay edad de jubilación. Yo, por ejemplo, no tengo edad de jubilación. La edad de jubilación era, de todos modos, a los 70 años, más tarde que en Europa, pero ha sido eliminada. Uno puede trabajar dando clases siempre que pueda. Por supuesto, yo podría optar por la jubilación y probablemente me jubilaré a los 70, porque el tema del desempleo puede ser un problema en algunas profesiones, y en el mundo académico hay bastante desempleo, incluso en Estados Unidos. Entonces puede haber un argumento social para que me jubile, pero si yo me jubilo no será porque me sienta incapaz de seguir enseñando.


No hay razón alguna por la que una expansión de la mano de obra, simplemente porque se pospone la edad de jubilación, no pueda conllevar a una expansión proporcionada del mercado de trabajo.


No creemos que simplemente por ser grande un país tiene que tener forzosamente más desempleo, porque hay más personas, porque esperamos que si un país es grande y hay muchas personas también habrá más trabajo. No cabe pensar que hay más desempleo en la India que en Pakistán, porque la India es un país más grande, y mas desempleo en el Reino Unido que en Escocia, porque el Reino Unido es un país mas grande, porque no creemos que las cifras absolutas tienen tanta importancia, es sólo cuestión de ajuste.


Pero dado esto, cabe esperar que si cambiamos la edad de jubilación la proporción de dependencia disminuiría y las personas podrían seguir trabajando durante más tiempo y muchas personas estarían más felices. A algunas personas les encanta la jubilación, están encantados al llegar a su jubilación. La flexibilidad es importante también, pero es perfectamente posible continuar trabajando mas allá de la edad de jubilación, pero ¿por qué no podemos tener esto en Europa? Porque inmediatamente se describiría como muy poco ético el no jubilarse cuando te toca o el ampliar la edad de jubilación, ¿qué pasaría con los jóvenes que buscan trabajo, por ejemplo?


Es decir, el tema del desempleo ha dificultado las cosas para el Estado de bienestar, tanto por el seguro del desempleo y también por la proporción de dependencia y las pensiones, porque esta es una de las grandes cargas. Dos son las grandes, el seguro de desempleo y las pensiones. Los dos son prisioneros del desempleo, hay que mantener esto muy presente. Esto era el primero de los puntos generales que quería destacar.


Ahora voy a tratar el segundo punto: ¿Cómo podemos revaluar el Estado de bienestar? Todos deberíamos reconocer que es un momento excelente para reexaminar todo lo que significa el Estado de bienestar, porque el Estado tal como está, está congelado, sigue ciertas pautas. En ciertos países como Italia, por ejemplo, la racionalidad es muy difícil de comprender. Algunas personas tienen mucha protección en pensiones, otras personas apenas tienen, ahí hace falta racionalizar. Ello no es sinónimo de recortar. Hay que ser más sensato, más justo, hay que tener un sistema más humano del Estado de bienestar, se trata de un momento idóneo para plantearnos esta cuestión.


También el problema presupuestario es importante, pues da la casualidad que ha coincidido con Maastricht, el 3% y la estabilidad monetaria. Pero ya que hay que examinarlo, vamos a utilizar esta oportunidad para examinarlo, pero también hace falta debatir el tema.


Creo que lo que falló en el intento bastante atrevido por parte del gobierno francés bajo Chirac, justo después de su elección, fue hacer un anuncio unilateral de reforma del Estado de bienestar, sin consultar a nadie. El gobierno fue elegido, Chirac y Joupé ya ocupaban sus cargos, el gobierno se lo pensó, no hubo ningún tipo de consulta con los sindicatos ni con otros partidos políticos y una mañana, simplemente, se anunciaron los cambios. Por supuesto se produjo una reacción muy predecible. Es decir, si se van a efectuar cambios tan grandes, ¿por qué no se nos consultaron?, y aquí recalco el hecho de que no se trata de algo nuevo en Europa.


Incluso en 1941, por ejemplo, como ya dije al principio de mi conferencia, cuando se redactaba el manifiesto federalista europeo, una de las cosas más importantes era la decisión mediante debate, gobierno mediante participación.


Otra cosa que falló en aquel intento atrevido francés, es decir, cuando el gobierno Chirac estaba recortando el programa de bienestar, es que Francia realizaba unas pruebas nucleares en el Océano Pacífico y la pregunta fue inevitable: ¿Es más importante para Francia tener una potencia nuclear independiente? ¿Redundaría mas en beneficio de los franceses, su subsistencia, su bienestar incluso su sentido de seguridad en un mundo posguerra fría que una paz social y un sistema justo de bienestar? Esta comparación era absolutamente insoslayable, y creo que esto también plantea otra pregunta general.


Romper tabúes


Cualquier gobierno tiene muchos gastos que no forman parte del Estado de bienestar, y esto podría ser objeto de consideración y, de hecho, comienza a recibir cierta atención. Aquí tengo un libro que lleva por titulo "Vivir como iguales", una serie de conferencias pronunciadas en memoria de mi primera esposa, fallecida en 1985. Conferencias dadas por algunos economistas, abogados, historiadores o sociólogos. En una de estas conferencias, de hecho una mía, el Presidente de la Royal Society, se hacía una pregunta que en el Reino Unido sólo se habían hecho los laboristas muy radicales, muy de izquierdas. ¿Por qué el Reino Unido necesita una bomba nuclear propia? Y lo planteó durante su presentación en la Royal Society. Dijo: "Creo que la historia mostrará que la insistencia del Reino Unido en tener capacidad nuclear era un fallo, era básicamente un error, un despilfarro total de recursos y un factor importante en el declive económico británico en los últimos cincuenta años". Ahora bien, este es el tipo de afirmación que no se asociaba con el Presidente de la Royal Society. Una de las buenas cosas que está ocurriendo, y esto es muy positivo, es una disposición a cuestionar temas tabú. Hasta hace poco no se cuestionaba el tener una bomba nuclear propia, a menos que fuera un entusiasta del CND, miembro de la Campaña pro Desarmamento Nuclear.


Creo que lo que realmente necesitamos hoy en día es precisamente hacernos estas preguntas. ¿El Estado de bienestar es un Estado racional? ¿Por qué es necesario? Preguntas excelentes que también tienen una respuesta: es necesario para la responsabilidad social hacia los enfermos y los pobres. Y, ¿qué forma ha de tener? ¿una forma caótica, por ejemplo, como es el caso italiano? La respuesta para mí es no, hay que racionalizarlo, ¿qué prioridades tendremos?, pues la prioridad debe ser la responsabilidad social y también no hay que desanimar a las personas a autoayudarse en el proceso, la cultura de la autoayuda tiene una influencia muy positiva y la creación del empleo también juega un papel importante en ello. Esto es importantísimo, y podemos aprender algo de los Estados Unidos y también hay algo que no debemos aprender de los Estados Unidos, es decir, la ausencia de la asistencia médica.


También otra pregunta sobre ¿qué amplitud debería tener el debate? pues hay que tener un debate amplísimo. Hay una lección a aprender de lo que hicieron los franceses hace dos años, como un ejemplo a no seguir, se necesita debate.


Creo que llegamos a una situación en que se pone en juicio el futuro del Estado de bienestar. Creo que el argumento en defensa del Estado de bienestar es muy fuerte, y creo también que el Estado de bienestar quizás ha sido la mayor aportación de la civilización europea al mundo y sería muy triste si la misma Europa lo perdiera. Tampoco hay porqué perderlo, y hablo como economista por supuesto.


Me parece que hay una gran variedad de gastos gubernamentales que se podrían recortar, hay que estudiarlos todos para ver cuales son necesarios, hay que mirarlos con lupa, tenemos que debatirlos. En el contexto británico, por ejemplo, hay que mirar los gastos nucleares, militares, el Reino Unido aun tiene pretensiones de ser potencia mundial ¿es necesario todo ello cuando hasta ha perdido Hong-Kong?, ¿cómo se compara con otras áreas de gastos?


Dentro del Estado de bienestar, ¿cuáles son las cosas más importantes y cuáles son menos importantes?, ¿cómo podemos combinar esto y a la vez incentivar a las personas para que se ayuden a si mismas además de ayudar a otros, es decir, como desarrollar la responsabilidad social?


Creo que esta es una de las preguntas centrales con que nos encontramos ahora: ¿Cómo combinar los méritos de la cultura de la autoayuda con los méritos del Estado de bienestar y con la responsabilidad social?


Y con esto concluyo, muchísimas gracias.